sábado, 18 de diciembre de 2021

No doy puntada sin hilo

 Mi niña-gata se aburre. Y se dedica a mordisquearme la muñeca. 

Primero lo hace más o menos suavemente, después se anima y saca garras y clava fuerte los colmillos. 

Yo también me aburro. A veces cuando me aburro coso, para llenar el tiempo lento de contenido. Y no doy puntada sin hilo. Ahora, hace un rato, estaba en ello, terminando un vestido para mi hermana. Pero con todo me he terminado aburriendo.

En ocasiones entro aquí y me inspiro, palabra a palabra algo va  tomando forma. Hoy no quiero hablar de los sueños, ni de que ya se acaba otro día más sin verle. Porque eso tampoco es nuevo, es el pan nuestro de cada día.

Nunca había hablado por aquí, creo, de  mi faceta de costurera. Fue el primer lugar en el que pensé acudir para poder salir de mi enfermedad. Era fácil, el taller de costura está al lado de mi casa. Y así, puntada a  puntada han pasado ya tres o cuatro años, no recuerdo bien. Y me gusta mucho coser y confeccionar, pues centra mucho la mente. Y por ende, me ha proporcionado también un mínimo de vida social.

Nunca imaginé que yo haría ropa, pues es muy satisfactorio construir vestidos, faldas, lo que se tercie, vaya. Y como no tengo abuela puedo afirmar que no se me da mal.

La verdad es que llegué el primer día, a clase de patronaje como un auténtico pelele. Con la medicación de entonces tenía una gran rigidez en todo mi cuerpo, la ansiedad me devoraba y a veces se me caía hasta la baba. He pasado unos años muy malos hasta que he vuelto a ser. No sé ni como he podido llevar mi casa y cuidar a mi hijo. Pero bueno, lo importante es que he ido construyendo una vida. Es muy diferente a la que había imaginado de joven, pero hay ratos que incluso siento paz. 

Ahora voy a retomar mis pinceles para hacer un proyecto muy bonito que tengo más o menos esbozado. Si fluye sé que me voy a sentir mucho mejor, porque me gusta coser, pero me gusta mucho más pintar. Y sobretodo escribir.

Antes de ello, voy a hacer unas acuarelas de horizontes con efecto nieve, que si me sale lo que quiero y quedan chulas, pueden ser felicitaciones de navidad.

Bueno, después de este ratico de desahogo, me vuelvo a mi faceta de madre.

Buenas noches.




jueves, 16 de diciembre de 2021

Volver

 No voy a hacer nada frente a toneladas de silencio.

Como niebla que todo lo cubre y envuelve, se han difuminado las aristas punzantes de los recuerdos, hasta reducirse a su mínima expresión.

Es duro aceptar la dictadura de un único dios, pues te terminas revelando. Y cansando mucho.

Eterno es el instante en que descubres por vez primera el rostro amado, narrando sin pausas y sin prisas algo así como la historia del color rojo en la realeza. El éxtasis de disfrutar de tanta belleza y no escuchar. Sólo dejarse llevar por la sensación. 

Sólo recuerdo de aquella historia que le cortaban las piernas a no se quien para teñir las botas de rojo...no recuerdo sus palabras. Me estaba empapando literalmente de su belleza.

Y hoy me daba permiso, en sueños, para tocarle. Como si necesitase tocarle para sentirle dentro. Cuantos orgasmos furiosos llenos de su esencia. 

Él es el dulce aleteo en el triclinio de mi corazón.

A veces, fue muy cruel.

 Y yo también.

Pese a todo, no me quiero morir sin volver a verle. 

Aunque seamos otros. Aunque la niebla del tiempo haya desdibujado su rostro y desfigurado el mío.

Volver. 


 Creo que estoy aquí, en este espacio porque siento que hoy es buen momento para comenzar a cuidarme y admitir de una vez por todas  que los vacíos en el alma no existen. Si miramos bien muy adentro, existen cosas muy hermosas que imaginamos y proyectamos y que tenemos que llevar a la práctica para conectarnos con lo que realmente somos, para poder crecer y dar sentido a cada latido que nos regala la vida.

Hay mucho por hacer, queda casi todo por hacer, y no podemos permitir que el miedo nos deje paralizados o vivamos en una inercia,  contemplando como se pasa la vida. Hay que batirse en la arena y pelear hasta el último aliento.

Como decía la eterna Suzanne Powell, hay que atreverse a ser uno  mismo con todas las consecuencias.

Pues en eso estamos. Hasta el final.



martes, 7 de diciembre de 2021

 Dicen que el verde es el color de la esperanza. Yo creo que la esperanza tiene el color de cada latido.




Los laberintos de la memoria

 Hoy no me reconoce.

Y es una sensación muy extraña, la de estar al lado de tu madre y no poder tomar su mano. Ella no quiere. La que si que soy extraña soy yo para ella, me mira y se encoge de hombros. Me vuelve a mirar con los ojos bien abiertos y se vuelve a encoger de hombros. Me entra cierta desesperación, creo que no me voy yo porque yo a ella si la conozco y necesito verla. Pero así es bien duro. 

Como no puede hablar, no puede expresarnos lo que pasa por su mente. Y como no me reconoce no cabe construir un abrazo de esos que dicen todo sin decir nada, sin emplear una sola palabra.

No cabe más que la compañía, que se me antoja forzada, por unos instantes.

Yo siento mucho desasosiego, porque al no saber ella quien soy, siento como si estuviese profanando su intimidad, me siento como una extraña ajena a ella.

Antes decía aquello de que era suficiente que yo la recordase, que no importaba quien fuera para ella. Pero es que si no puedo expresar con mi piel lo que siento, si no se deja querer, veo la inutilidad de lo que sí está grabado en mi cerebro y soy capaz  de reproducir. 

Es una visita en la que atraviesas el umbral llena de esperanza y te marchas con las manos vacías de amor.

Pero hay que estar ahí, porque a veces se enciende el click de las conexiones cerebrales o vaya usted a saber que cosa se enciende y, entonces, te reconoce y se emociona y se pone muy contenta. 

Cuando esto sucede te marchas con sensación de plenitud y das gracias por haber vivido esos instantes.

Este mundo es muy extraño y muy extrañas son las formas en las que se manifiestan el amor y la vida.


jueves, 2 de diciembre de 2021