No voy a hacer nada frente a toneladas de silencio.
Como niebla que todo lo cubre y envuelve, se han difuminado las aristas punzantes de los recuerdos, hasta reducirse a su mínima expresión.
Es duro aceptar la dictadura de un único dios, pues te terminas revelando. Y cansando mucho.
Eterno es el instante en que descubres por vez primera el rostro amado, narrando sin pausas y sin prisas algo así como la historia del color rojo en la realeza. El éxtasis de disfrutar de tanta belleza y no escuchar. Sólo dejarse llevar por la sensación.
Sólo recuerdo de aquella historia que le cortaban las piernas a no se quien para teñir las botas de rojo...no recuerdo sus palabras. Me estaba empapando literalmente de su belleza.
Y hoy me daba permiso, en sueños, para tocarle. Como si necesitase tocarle para sentirle dentro. Cuantos orgasmos furiosos llenos de su esencia.
Él es el dulce aleteo en el triclinio de mi corazón.
A veces, fue muy cruel.
Y yo también.
Pese a todo, no me quiero morir sin volver a verle.
Aunque seamos otros. Aunque la niebla del tiempo haya desdibujado su rostro y desfigurado el mío.
Volver.
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